En una reflexión dirigida a las comunidades, Aarón Palape invita a fortalecer la presencia y la escucha como claves para acompañar la búsqueda de sentido de las nuevas generaciones.
Ante el creciente sentimiento de soledad y desorientación que afecta a muchos jóvenes en Chile, el delegado episcopal para la Esperanza Joven (DEJ), Aarón Palape, presentó una reflexión pastoral titulada “¿Qué hacemos con la juventud?”, en la que propone fortalecer una actitud de atención contemplativa y escucha real como camino para acompañar a las nuevas generaciones.
Imágenes de archivo del encuentro de María Joven de la Delegación para la Esperanza Joven (DEJ), realizado en la parroquia Nuestra Señora del Rosario, en Las Condes, en noviembre de 2025.
En su mensaje dirigido a las comunidades, Palape advierte que la realidad juvenil actual interpela profundamente a la Iglesia. Diversos estudios recientes muestran que un 62% de los jóvenes en Chile declara haberse sentido solo, mientras que un 33% afirma sentirse un fracaso y un 44% señala que “no es bueno para nada”, datos que reflejan una situación preocupante para el desarrollo personal y comunitario de las nuevas generaciones.
Más allá de las cifras, el delegado episcopal destaca que lo verdaderamente importante es reconocer el rostro concreto de los jóvenes que buscan sentido, pertenencia y reconocimiento. En ese contexto, plantea que la respuesta pastoral no puede limitarse a aumentar actividades, sino que debe centrarse en la calidad de la presencia y del acompañamiento.
“Quizás el primer paso no sea hacer más cosas, sino aprender a mirar y estar en plenitud”, señala el documento, destacando que la escucha paciente y la disponibilidad interior permiten acoger la realidad de cada joven sin juicio ni instrumentalización.
La propuesta se inspira en la idea de “atención contemplativa”, entendida como una actitud de hospitalidad interior que reconoce la dignidad del otro. Según explica el texto, en una cultura marcada por la hiperconectividad y la dispersión de la atención, muchos jóvenes experimentan una profunda desconexión interior, lo que debilita los vínculos humanos y comunitarios.
En esa línea, el delegado episcopal recuerda que el acompañamiento cristiano se inspira en la forma en que Jesús miraba a las personas: una mirada que reconoce, dignifica y devuelve identidad. Por ello, invita a las comunidades a generar espacios donde la escucha sea auténtica, la presencia significativa y la dignidad de cada joven sea resguardada.
Finalmente, el delegado anima a las comunidades a asumir este desafío con esperanza, confiando en que la Iglesia puede convertirse en hogar y camino de sentido para los jóvenes, a través de relaciones cercanas, escucha sincera y acompañamiento paciente.
Para profundizar en esta reflexión pastoral, se invita a leer el documento completo “¿Qué hacemos con la juventud?” disponible aquí.







